lunes, 25 de enero de 2010

20—08—01

Aeropuerto de Ezeiza (Buenos Aires, Argentina). Mediodía. Miles de personas alteradas. Ahí delante estaba él. Despidiéndose de todos, y de mí, un niño de piel pálida. No recuerdo qué me dijo. Veía como se alejaba hacia las puertas de embarque. Todos lloraban. No lloré. No dije ni una palabra, quizás por un nudo en la garganta. Solo lo miraba, irse, hasta que cruzó la puerta. Ya no lo vi más. Miré la nada, miré a mi mamá, a mi hermano y a los demás, miré al suelo. Volvíamos a casa. En el coche estaba bastante callado. Mi mamá me preguntaba "¿Estás bien?". Yo respondía "Sí". Nada más... Días después, empezó todo. Solo miraba la tele, tirado en el sofá todo el día, en vez de estar jugando con mi hermano menor y mis primas. Me faltaban las ganas.

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